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- Por importantes que sean los instrumentos
disponibles para desarrollar la innovación política y afrontar la
crisis, los resultados acaban siendo nulos sino hay voluntad
política para aplicarlos
Somos más pobres porque se nos
hizo creer que seríamos más ricos con el crédito y sus
oportunidades, pero el crédito tiene que devolverse, aunque se carezca
de actividad y de activos para vender. Es el fatídico círculo vicioso del
que solo puede salirse vendiendo los activos privados, públicos e
históricos. Lo malo es que, en los momentos críticos, los activos pierden
valor por lo que sólo resta la decidida voluntad de
superar la crisis.
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Se trata de asumir que los sistemas económico y
político están al servicio de las personas y cuando no sea así, se
cambian... Para conseguirlo, será necesario
remover las ideas que no sirvan
No es cuestión de dinero
Los retos que tenemos que afrontar no se limitan a
cuestiones económicas. No descubrimos nada, basta con recordar lo que todos sabemos,
publicado desde
múltiples puntos de vista:
- Carecemos de ideas que nos ayuden a
comprender lo que está sucediendo en el Mundo.
- Es cada vez más difícil mantener un
crecimiento económico sostenido.
- La opinión pública ha perdido la
confianza en la política
- Nuestros hijos han perdido la
esperanza de poder mejorar la herencia
recibida de sus padres.
- Hemos perdido los referentes en
que podíamos confiar
- No hay países dispuestos a hacer
las concesiones necesarias para que todos podamos sobrevivir.
- No podemos esperar de los países
emergentes, que resuelvan la crisis creada por las grandes potencias.
- Se agotan recursos tan básicos como
el petróleo, los alimentos, el agua potable...
- El discurso ambiental es un simple
pretexto, sin llegar a ser una política activa y comprometida desde
los poderes públicos: Contaminación, cambio climático, erosión,
biodiversidad...
- Es creciente el abismo entre
"ricos" y "pobres"
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| Es
necesario innovar la organización del conjunto de la sociedad |
La lista podría ser más larga, pero es suficiente
para que sea elocuente. El desarrollo histórico ha conseguido que todos esos retos
sean interdependientes entre sí: si no los afrontamos
a través de un proyecto coherente, se corre el riesgo de
que las actuaciones parciales vayan en detrimento de la
evolución global del conjunto de los retos. Asumir que
cualquier innovación económica o política tenga que ir precedida
del conocimiento de sus implicaciones globales, supone un
profundo cambio sobre la forma política de razonar.
Una viable oportunidad
El reducido nivel de desarrollo del pasado
permitía tratar a cada reto por
separado, como si fuera ajeno a las demás realidades. Esa es una
simplificación que, en la actualidad, es insostenible. Cualquier
gestión que afecte al conjunto de nuestra sociedad
debe hacerse desde el punto de vista sistémico.
En caso contrario, los retos, en vez de llevar
implícita una oportunidad, acaban siendo una temible
fatalidad.
Percibir la realidad política o económica en
términos globales o sistémicos constituye la herramienta más útil
para la gestión sistémica de la sociedad. Se invierte la aplicación de
la gestión: en vez de buscar el origen de posibles problemas, se actúa
sobre la realidad global disponible, modulando la finalidad
atribuida a cada uno de los sistemas que puedan vertebrarla. En otras
palabras, en vez de incidir sobre la "causa" que se pretenda enmendar,
se modula la evolución de los procesos que
hayan cambiado la realidad que tenemos, respecto a la que teníamos en el
pasado.
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