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Proyecto político

Es el instrumento político más fiable para gestionar la "innovación política". Su importancia, dependerá del grado de adhesión recibido por propios y extraños. 

El proyecto político se basa en la planificación y programación de diversas iniciativas políticas destinadas a un objetivo político común, socialmente asumido y contando con la máxima eficiencia de recursos humanos, políticos, económicos y temporales. Los proyectos suelen aplicarse a situaciones atípicas, para organizar la gestión de cambios o procesos sobre los que no se disponga de una doctrina o protocolos que ayuden a la toma de decisiones.  El Proyecto puede estar en la cabeza de alguien, racionalizarse a través de un "planing de cargas" o contando con soporte informático.

El Proyecto político no debería confundirse con las políticas inducidas por criterios ideológicos, de quienes gestionen la política cotidiana. Mientras el proyecto tiene la finalidad de innovar políticas con criterios tan integradores como sea posible, las políticas presididas por criterios ideológicos pretenden compensar las desigualdades surgidas como consecuencia de la evolución de la sociedad.

Tratando el Proyecto político de diseñar nuevas experiencias basadas en conocimientos, su aplicación va acompañada de cierta dosis de incertidumbre, que la madurez política podrá minimizar. Esa es la razón por la que adquiere relevancia el conocimiento de aquellas experiencias que podrían considerarse parte del espacio político común. Cuanto mayor sea la amplitud de las experiencias o conocimientos socialmente compartidos en la gestación de un Proyecto político, menor será la dosis de incertidumbre que puede inducir en la ciudadanía.

El período en el que hubo oportunidad de gestar un mayor número de Proyectos, fue el experimentado durante la Transición española y en el posterior período de modernización. En la citada experiencia, aunque el PSOE contaba con suficiente autoridad y espacio político para conducir en solitario su proyecto. El contenido de sus políticas procuró que fueren integradoras, con la excepción de los momentos críticos en que se tenía que contar con toda la autoridad política para emprender políticas difíciles, asumiendo el consiguiente desgaste político.

Si se hiciera uso del cinismo característico de Maquiavelo, diríamos que se acumulaba autoridad en decisiones de tono menor que podían ser consensuadas, para afrontar en solitario el desgaste de decisiones impopulares que tenían que tomarse. Invitamos a evaluar cada uno de los siguientes hitos como si fuera un objetivo global que garantizara la coherencia interna, al tiempo que su ejecución tenía que compatibilizarse con el desarrollo de otros proyectos igualmente importantes. 

Cada uno de los Proyectos es interdisciplinario, requiere el uso de muchos recursos humanos y económicos y su ejecución está limitada en el tiempo. Aunque parezca lo contrario, lo difícil es definir el objetivo de cada uno de los proyectos, para que pueda ser inteligible para todos, mientras se mantiene la cohesión económica. El Proyecto no es un reclamo publicitario, sino el enunciado de una voluntad política que permite reconocer a las políticas, leyes, recursos e iniciativas que tengan que impulsarlo.

La identificación y definición de cada Proyecto, permite valorar los resultados de la gestión del Gobierno en relación con las previsiones llevadas a cabo. La opinión pública necesita percibir que el Gobierno controla la evolución de los acontecimientos y esa percepción es la que genera confianza. La sociedad comprende que un gobierno tenga que adaptarse a situaciones imprevistas, pero la comprensión no equivale a confianza.

Nueva relación Poder-sociedad

Combina conocimientos y valores con los que puedan diseñarse nuevas política y afianzar los compromisos adquiridos con la sociedad  

El Gobierno de Felipe González superó la relación tradicional de un partido con sus electores, para orientarla a la gestión del Interés general, dirigiendo sus políticas a todos los ciudadanos, pensando en su sensibilidad. Se asumía así, la experiencia de la socialdemocracia europea que había comprendido que la mejor estrategia para combatir las desigualdades era la de combatir cualquier discriminación. El resultado fue el de que, mientras los ciudadanos se felicitaban por los resultados, los partidos se sentían incapaces de criticar con éxito una política dirigida a todos por igual, modernizando la economía y desarrollando el Estado del Bienestar.

Aunque las campañas electorales seguían dirigiéndose a los socialistas para movilizar su sensibilidad político-social, los compromisos electorales eran racionales e inteligibles para todos. Aquellas experiencias sirvieron para poner de manifiesto que cualquier Proyecto tenía que dirigirse a todos, evitando exclusiones que, de producirse, acabarían legitimando la voluntad política de poner fin a cualquier progreso alcanzado.

El discurso político tenía las siguientes fases o contenidos:

Cada Proyecto es un paso adelante en el proceso de evolución social. Aunque haya incertidumbre en algunos de sus aspectos globales, disponemos de abundantes técnicas para reducir su alcance. El diseño de un Proyecto no es especialmente complicado, sí se tienen claras las prioridades y se conocen los recursos que podemos movilizar para conseguir nuestros objetivos. 

Lo que nunca debe olvidar un político es que su gestión es global. Cada Proyecto debería estar en condiciones de no herir la sensibilidad política de la oposición, para que pueda mantenerse su continuidad, con los cambios de criterio que puedan introducirse a través de la alternancia política. Lo importante de un Proyecto es su continuidad.